Estaba en la playa, siempre voy allí para pensar. Había tenido un problema y necesitaba estar solo… Allí me encontré a un amigo, él también estaba mal. Antes de irse me dijo que la vida era como una playa… Aquella comparación me desconcertó y me quedé pensando. Y, en efecto, tenía toda la razón. Mi vida es una playa, hay conchas, son las personas que quise y que han muerto; hay huellas de motos, son los recuerdos de aquellos problemas que logré resolver pero que jamás olvidaré; hay basura, es aquella gente a la que conseguí demostrarles que sus insultos no hieren; hay olas, son mis actuales problemas; hay arena, es mi pasado; hay nubes, es toda aquella gente que se dedica a insultarme y hay un gran sol: es mi madre. En mi playa hay poca gente porque pocas son dignas de formar parte de ella, está mi familia, mis amig@s.
Hace tiempo hubo una gran inundación; aquellas olas arrasaron toda mi playa, dejando conchas, basura, nubes y muchas huellas de motos; a esta inundación la llame “infancia”.
Ahora mi playa tiene conchas, pero muy bonitas porque son recuerdos de personas importantes para mí; hay muchas huella de motos, pero de cada una saco lecciones que, para mí, son las más importantes, ayudan a aprender y a madurar; hay basura, siempre la habrá pero sólo tengo que recogerla y echarla al contenedor; hay olas, olas que me ahogan y no me dejan vivir sin miedo; hay arena, y la odio porque no recuerdo con cariño mi pasado; hay nubes y debido a ellas hay tormentas que me hacen sentir que no valgo nada, pero hay un sol que hace que se vayan: es mi madre, esa persona que tanto quiero y que tanto me apoya.
Un día estaba caminando por la orilla y llegó una ola que me inundó, era una muerte segura. Pero sin darme cuenta, sin saber por qué alguien apareció en mi playa. Cuando creía que no había sentido alguno para seguir, cuando creía que nada me haría sonreír, apareció ella y lo cambió todo… Me enseñó a coger un paragüas cuando las nubes llegasen, a no llorar al ver las conchas, a saltar las huellas de motos, a recoger la basura, a nadar para evitar que las olas me ahogasen y me enseñó a sonreír aunque tenga ganas de llorar, decía que siempre hay que sacar el lado bueno de los problemas. A su lado me sentía protegido, ella curaba mis heridas, secaba mis lágrimas y las sustituía por sonrisas.
Pero la arrancaron de mi lado, me quitaron mi felicidad, se la llevaron de mi playa… Ahora la basura se acumula, no para de llover y no tengo fuerzas para coger un paragüas, el calor del sol no es suficiente, me tropiezo una y otra vez con las huellas de motos y me caigo a la arena recordando mi negro pasado, las olas me inundan y no tengo fuerzas para nadar. Siento un inmenso vacío en mi corazón, siento que me falta el aire, mi corazón me grita que no quiere estar conmigo y se va tras ella, siento frío sin sus abrazos, siento hambre sin sus labios, siento sed sin su cuerpo,
Solo le pido a la vida que la haga feliz y que si para ello tengo que sacrificar la mía, lo haré. Si pudiese vender mi presencia para obtener mi ausencia y así comprar su felicidad, lo haría. Ella hizo que me diese cuenta de que el pensamiento que tenía de amor no era el correcto, yo pensaba que el amor era recibir y no dar, creía que el amor era morir por alguien pero no es así, el amor es dar sin importar lo que recibes, el amor no es morir por alguien sino vivir para alguien. Ella hizo que comprendiese que el sentido de la vida es alcanzar la felicidad y que no hay que distraerse con las cosas que me provoquen una alegría efímera, ella me enseñó a disfrutar de cada momento que la vida me regalaba. Cuando miraba a mi madre veía una persona que siempre me gritaba y que no me dejaba salir, pero, gracias a ella, ahora la miro y sonrío porque veo a una persona que lucha para que yo esté bien, una persona que se preocupa por mí y una persona que me quiere como nadie. Le entregué mi corazón lleno de heridas y fue capaz de convertirlas en cicatrices y recuerdos de los que saqué muchas lecciones. Tengo que darle las gracias por todas las sonrisas que me sacó, por todas las lágrimas que me secó, por todo lo que luchó por mí, por todo lo que me enseñó, por enseñarme que si tropiezo con una piedra y me caigo, me tengo que levantar y apartar esa piedra de mi camino para no volver a tropezar y por enseñarme que la vida es bella a pesar de los problemas… Jamás olvidaré esa frase.." solo tu haces realidad los sueños que yo persiga"
Jamás había sentido algo igual al estar con alguien. Esa extraña sensación que recorría de manera incómoda mi estómago, esa sonrisa que me salía sin querer tan solo con pensar en ella, esas ganas de tenerla cerca, esas ganas de gritar que la amaba, esa inmensa tristeza que sentía cuando la veía llorar, esa inmensa alegría que sentía cuando la veía reírse a carcajadas con sus amigas… Sentía cada mañana ganas de levantarme, de irme a pasear, de sonreír,
...Nunca llegué a imaginar que el dolor fuese tan fuerte, nunca había sentido nada igual. Sentí como si alguien con un martillo golpease mi pecho con mucha fuerza, mis lágrimas querían salir todas a la vez, mis dedos cada vez soportaban más tensión, el sentimiento de culpa se juntaba con los gritos de mi corazón, mis pulmones no querían coger aire y me ahogaba en un profundo mar de lágrimas… Y grité, cuando ella estaba lejos grité, en medio de la calle, ya había anochecido, pero ella no me escuchó… Sentía que mi corazón quería seguirle pero no tenía fuerzas para correr, asique me fui a la playa… Y comencé a gritar su nombre y a preguntar al viento por qué la arrancaron de mi lado.
Me dicen que la olvide pero, ¿cómo olvidar sus besos, sus miradas, sus sonrisas, sus palabras, su cuerpo, este sentimiento que jamás había sentido…?
Pero aún me hace feliz con nuestras miradas que se cruzan a escondidas, con nuestras sonrisas clandestinas, con esos pequeños detalles que hacen que sonría verdaderamente. Sé que nos queremos y sé que algún día todo será como antes.. TE QUIERO.
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