No tengo nada que ver con el trasiego de peatones,
de miradas perdidas,de pensamientos suicidas,
de obstáculos inmensos que son simples escalones,
de acabar bailando con la farola tangos suicidas.
No entiendo de batallas ganadas,tampoco perdidas,
ni entiendo de caos,ni desorden,tampoco de huídas,
he pactado con la locura por un laberinto sin salida,
algo más entretenido que aquello que llamamos vida.
Me enredé tantas veces al humo que salía de la taza
que no supe levantar la mirada para empezar,
si todo lo que grita al abrir la ventana es la rutina que me abraza
no seré soldado,ni poeta sin derechos que gritar.
He sentido el escalofrío del deslizar de la luna por mi entrepierna,
el miedo de volver a mirar y ver todo el mundo del revés,
la angustia de un llanto que se pierde en una voz tierna,
el placer de verlo todo tumbado y levantarse después.
No entiendo de ricos lugares de ocio,
ni siquiera sé hablarte de negocios,
no quiero escuchar como discriminas y luego llamas socio
al que camina descalzo por calles de odio.
Me he entretenido en el vértice del infinito a observar
el suave deslizar de una silueta por mi imaginación,
si cuando creo que me va a tocar,toca despertar,
deja su aliento correteando por mi habitación.
He dejado en la mesilla un par de versos aliñaos,
un cigarro cortao,un papel arrugao,
un trozo de hielo tirao,derretío en mi costao,
una foto de todo aquello con lo que he soñao.
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